martes, 6 de octubre de 2015

La Virgencita de poncho y el Nino de chompita (cuento)


En un pueblito de la puna peruana vivia una viejecita en una casita de adobe muy humilde. Era una campesina que cuidaba de sus ovejitas, las que le daban lana para tejer ponchos y chompitas, las cuales vendia a los turistas en la estacion del tren. Tenia 3 hijos los cuales se habia ido a la ciudad grande en busca de una oportunidad de estudiar y hacerse una vida más cómoda de la que les esperaba si se quedaban en el pueblo donde su mamá vivia. No se habian olvidado de su madre, pero era tan dificil luchar por un porvenir mejor, que les era casi imposible visitar a su mamá frecuentemente, se contentaban con comunicarse con ella mediante paisanos que visitaban a sus familiares de vez cuando, para enviarle a su mamá una cartita y algún regalito, que ella guardaba como un tesoro.

El tiempo pasaba y la viejecita se ponía más y más viejita, su memoria aveces le fallaba, muchas veces nisiquiera se acordaba de la cara de sus hijos. Como no tenia con quien hablar le hablaba a sus animalitos como antes lo hacia con sus hijos.

Una vispera de Navidad, salio de su casa rumbo a la iglesia, “voy a ver si ya pusieron el nacimiento” se dijo asi misma. Y empezo a caminar lentamente. Cuando por fin llegó a la iglesia, ya estaba el nacimiento de figuras de yeso tamaño natural puesto junto al altar mayor. La Virgencita con su Ninito Dios en brazos, y San José parado como cuidandoles. No faltaban ni el burrito ni la vaquita.
Luego de rezar un buen rato, la viejecita se acercó al nacimiento para tocar a la Sagrada familia. Cuando toco a la Virgen la sintio tan fria. “Mamita, estas helada", le dijo a la estatua, "a ver si tu guaguita esta fria también", y tocó al Niño, “hay guaquita, tu también estas helado”. Sacandose su saco, abrigó a la Virgen mientras le decia “ abrigate Mamita y arropa a tu guaguita para que no le de el aire”. Yo te voy a traer mañana algo mejor que este saco. Y se fué camino a su casa.

La iglesia estaba vacia cuando el sacristan cerro las puertas por esa noche. A la mañana siguiente la viejecita regresó a la iglesia, las puertas nuevamente estaba abiertas, pero no habia nadie todavia. Traia un paquete en los brazos, cuando llegó frente al nacimiento, abrio su paquete y saóo un poncho blanco y una chompita color crema con adornos de llamitas beige en los bordes. “Ahora si vas a estar abrigadita" le dijo a la Virgen, quitandole de encima su saco viejo que le habia puesto la noche anterior, pero cuando le quiso acomodar el poncho a la Virgen no pudo hacerlo porque tenia pegado al Niño Dios en los brazos, asi que dijo a la Virgen, “dame tu guaguita mientras te acomodas tu poncho” y la Virgen estiro los brazos y le dio al Niño. Mientras la Virgen se acomodaba el poncho, ella aprovecho y le puso la chompita al niño y le acomodó una gorrita tejida en su cabecita. “Ves que abrigadita estas?” Le dijo a la Virgen mientras le devolvia al niño a su mamá. Bueno, me voy a casa que tengo mucho que hacer, quizas mañana vuelvo, le dijo, mientras se arrodillaba y se hacia la señal de la cruz.

Paso un rato y el sacristan que habia estado tomando desayuno, se apareció para prender las velas en el altar para la misa. Ahí fué que vió a la Virgen engalanada con un poncho blanco y al Niñito Dios con una chompita y un gorrito. Salió corriendo a buscar al padre párroco, “Padre, Padre, venga usted a ver esto,” gritaba. Ambos llegaron corriendo a donde estaba el nacimiento. No podian creerlo, quien abría puesto estas prendas de ropa a las estatuas? Por fin se dieron cuenta de una cosa, ¿como le pudieron poner la chompita al Niñito Dios si estaba pegado en los brazos de su madre? ¿Y como la Virgen se pudo acodomodar el poncho sin haber movido al Niño? Se acercaron a las figuras para ver si estaban estas separadas, pero estaban pegadas como siempre lo habian estado. Entonces el párroco se dio cuenta de algo muy importante, tanto la Virgen como el Niñito Dios estaban calientitos, como si estuvieran vivos. “Milagro “ dijeron y el sacristan salió corriendo a tocar las campanas para llamar al pueblo. El pueblo se congrego en la iglesia, “es un milagro “ se decian. Demás esta decir que ante este “milagro”, dejaron el nacimiento frente al altar y nunca más lo quitaron de ese sitio de preferencia.

Han pasado muchos años, ya la viejecita se fue al cielo, y a pesar de los años, la ropa sigue intacta, como si el poncho y la chompita la hubieran tejido hoy. La Virgen y el Niñito Dios siguen calientitos bajo la mirada protectora de San José, quien sonrie discretamente.

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