domingo, 12 de julio de 2015

Como termine viviendo en Caracas II

Pasaron varios meses, mi vida se iba acomodando poco a poco, mi trabajo era fabuloso, mi jefe el Sr. Zander, me daba cada dia mas responsabilidades y yo encantada porque esto significaba que yo estaba hacienda un buen trabajo, la esposa de mi jefe era una americana bien alta y bien guapa y tenian dos hijos, una chiquita de unos 5 anos y un chiquito de unos 3 anos. Ambos chicos eran adorables y cuando la Sra. Susan los traia a la oficina me encantaba conversar con ellos, hablaban castellano perfecto y sus papas me rogaban que les hablara en ingles porque solo querian hablar en castellano.

Como el trabajo de la oficina seguia creciendo (a medida que crecia la empresa) tomaron una chica nueva, Maria Teresa, era hija de espanoles y era tan linda como una artista de cine, mi amigo Jose se enamoro de ella apenas la vio, era una buena trabajadora y pronto nos hicimos buenas amigas, todos los medios dias nos ibamos a mi huequito a almorzar y veiamos una novela por Tv, luego nos ibamos nuevamente a la oficina ha trabajar hasta las 5 de la tarde.

En mi primera Navidad en Caracas, tenia muy poco tiempo para que me den vacaciones. En esa mi primera Navidad en Venezuela, conoci las hallacas. Estas son muy parecidas a nuestros tamales, solo que encima de una hoja de platano hacen un cuadrado de masa y la rellenan con un guiso de pollo, o carne o cochino (chancho). Entonces doblan la hoja de plantano y hacen un paquetito cuadrado que luego amarran con un pabilo.

En la fabrica de la empresa que yo trabajaba, habia un capataz (el mas antiguo de los trabajadores de la fabrica) que para hacerse de unos bolivares adicionales, hacia hallacas para vender en Navidad (que es el unico tiempo que las hacen) y yo le compre 3 docenas, Las metia en mi refrigerator y las congelaba y alli las tenia, y me las iba comiendo poco a poco. Que delicia! Todos los anos que vivi en Caracas, le compraba al Sr.Urdaneta sus deliciosas hallacas.

Luego me entere que la preparacion de las hallacas en una familia es una ceremonia casi ritual. Se juntan las mujeres de una famlia, desde la abuelita hasta la nieta, o bisnieta mas chica y una prepara la masa, otras preparan los guisos, otras preparan las hojas de platano,limpiandolas, otra corta el pabilo, etc. Los hombres se van al patio o a la sala y juegan domino o ven algun partido de beisbol y toman su cerveza. Hay familias donde los hombres se ponen a trabajar, pero eso pasa esporadicamente es porque en Venezuela, como en el Peru, las mujeres cocinan y los hombres no (aunque mi padre cocinaba riquisimo y estaba orgulloso de ser nuestro cocinero gourmet).

Cuando todos los ingredients estan listos, empieza la linea de ensamblaje (de verdad hacen una linea de ensamblaje, al estilo Detroit hacienco sus carros) y van pasandose las hallacas hasta la ultima estacion que viene a ser amarrar las hallacas con el pabilo. No crean que hacen 50 o 100 llegan a hacer hasta 500 hallacas, de las cuales por lo menos 250 son para regalarle a los vecinos, y asi se intercambian las hallacas en la vecindad (y hacen una especie de concurso (silencioso) para saber quien hizo las hallacas mas deliciosas de todo el vecindario.

La segunda Navidad, le pedi permiso a mi jefe para irme a Lima un mes (en Venezuela solo dan dos semanas al ano de vacaciones), asi que me fui a mi casa a pasar Navidad con mi familia, tuve un mes para recargar mis baterias de carino. Cada vez que regresaba a Lima, llegaba a mi mismo cuarto, a mi misma casa, nada habia cambiado desde que me fui, aparte de ver a mi hermanita y a mis sobrinos mas grandes, y a mis padres mas viejos. Visite a mis amigas, especialmente a mi amiga Astrid, cuando nos volviamos a ver, era como si nunca me hubiera ido. El tiempo vuela tan rapido cuando uno es feliz, se me acabaron mis vacaciones, y regrese a mi huequito en Caracas, me pase mas de un mes llorando nuevamente porque la soledad me abrumaba.

Un dia, recibi una carta de mi tia Otilia, me decia que tanto ella como mi tia Matilde vendrian a visitarme a Caracas, que alegria tener visita de mi familia en casa, pero que problema yo solo tenia una sola cama en mi huequito, asi que me sali a buscar un sofa cama, algo para que duerman comodamente. Sali comprando una “day bed” que es una cama gemela que durante el dia parece una sofacito y de noche jalas la cama que tiene debajo y se convierte ya sea en dos camas gemelas o una cama matrimonial.

El dia que me llevaron las camas, me puse a arreglarlas, me compre una sobrecama de corduroy marron y le puse una serie de cojines peruanos de colores todos bordados con temas tipicos que tenia de mi ajuar y quedo bien bonita. Esa tarde que llegue a mi huequito, encontre a Oscar esperandome, hola, le dije, que milagro? Pasaba por aca y pense en visitarte, como te va? Contenta, le conteste, mis tias llegan el v iernes, asi que he tenido que comprar un “day bed” y tengo que planear donde llevarlas a pasear. No te preocupes, me dijo, yo voy a estar en Caracas, toda la semana entrante y puedo llevarlas a pasear.

Asi lo hizo, desde recogerlas al aeropuerto, llevarnos a la Colonia Tovar, un sitio en las montana cercana a Caracas, donde un grupo de alemanes hizo una colonia en el siglo 19 y hasta ahora viven alla sus descendientes, en un pueblito que parece la campina alemana. Los caraquenos van alla los fines de semana a gozar del paisaje y de la comida alemana que hacen alla tan rica, y de las riquisimas fresas que siembran y venden.

Durante la estadia de mis tias, Oscar casi venia a mi casa todos los dias, desplegando su simpatia. Mientras yo trabajaba, el se las llevaba a pasear, vieron las casas de Simon Bolivar, una en el centro de Caracas y la otra en una colina, no estoy segura pero creo que esta quinta queda en Los Caobos, en fin, se metio a mis tias en el bolsillo, a mis tias les encantaba jugar Rommey, y el jugaba con ellas. Cuando mis tias se fueron de regreso a Lima, el Oscar parecia que el era el sobrino de ellas y no yo.

Luego que se fueron mis tias, Oscar siguio viniendo a visitarme, yo no sabia que pensar, que quiere de mi, esta arrepentido de plantarme? Incognitas y mas incognitas. Mientras tanto casi, casi volvimos a ser amigos, nos reiamos, nos ibamos al cine. Un dia me invito a acompanarlo a Puerto La Cruz, era un camino largo y no queria hacerlo solo, como era domingo dije si, asi que el domingo tempranito me vino a buscar, todavia ni habia salido el sol. Tomamos la carretera, me encanta la campina venezolana, los cerros verdes, las pequenas casas al borde de la carretera, los animalitos pastando, los araguaneyes floreciendo con sus flores amarillas. Este es un arbol que debe ser oriundo de Venezuela, es de tamano mediano y da unas flores amarillas preciosas, en un determinado tiempo del ano toda Venezuela se viste de amarillo. Este arbol crece en todos lados, en las calles, en las casas, en los parques, al borde de las carreteras, y les regala a la gente la maravilla de sus flores amarillas.

A eso de las ocho de la manana pasamos por un puestito, al borde de la carretera, de una senora que vendia “cachapas” estas son unas como panquecas, pero de choclo (en Venezuela el choclo se llama “jojoto”, suena como la risa de Papa Noel, verdad?) el choclo tiene que ser fresco y molido, luego que las panquecas estan listas, la rellenan con un queso criollo que se llama “queso de mano”, fue la primera vez que probe esa delicia, de la cual me quede enamorada para siempre.

Llegamos a Puerto La Cruz como la una de la tarde, fuimos a la playa a almorzar y luego del almuerzo me llevo a la estacion del autobus y me regrese a Caracas. A las 7 de la noche ya estaba en mi casa. Hay que ricas cachapas, hasta ahora me acuerdo lo ricas que eran.


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