sábado, 13 de junio de 2015

MARCADAS DE POR VIDA

Era el no 1947, mi mamá se puso muy enferma y el médico le recomendó mucho descanso, la pobre tenia la casa llena con un esposo, un hijo de 13 años y tres hijas de 7, 5-1/2 y 3 años. Entonces mis padres tuvieron que tomar la drástica decisión de enviarnos a mi hermana Mali y a mi a Chosica al internado del Colegio Beata Imelda. Llegaron a esta conclusión debido a que mi hermano ya era un adolecente y no daba mayores problemas, y también porque mi hermana Elsa , la más chiquita era la que más necesitaba la presencia de mi mamá. Asi que a Mali y mi nos empacaron para el internado.

Recuerdo que fué un domingo que nos llevaron al colegio, mi papá y don Roberto que era nuestro chofer, quien fué para mi padre un buen amigo y para nosotros como un tio muy querido.) Mi hermana Mali y yo ibamos asustadas, en el asiento de atras, apretando nuestra maleta de colegio vacia, mi padre y don Roberto adelante. Mi papa puso el radio para escuchar el partido de futbol, desde ese dia esa fue nuestra rutina del fin de semana, nos recogian los sabados a medio dia y nos traian de vuelta al colegio los domingos en la tarde, y siempre con el partido de futbol oyendose en la radio.

Demas esta contarles que cuando escucho un partido de futbol en la radio, me regreso a cuando tenia 7 años cuando nos llevaban al internado, y recuerdo la tristeza que me daba cuando me despedia de mi mamá.

Llegamos al colegio, Mali y yo de la manito, asustadas, las monjitas nos recibieron y le aseguraron a mi papa que todo iria bien, que estariamos bien cuidaditas. Besitos a papa y chau a el y a don Roberto.

Para el miercoles mi madre estaba desesperada, le rogo a mi papá que la lleve a ver a sus hijas, que “deben de estar desoladas sin nosotros”. Asi que papá ese dia salio de la oficina temprano y fueron a vernos al internado. Cuando ellos llegaron al colegio, las monjitas les hicieron pasar y esperar en la sala, dice mi mamá que ella estaba super emocionada de que iba a vernos. Cuando por fin llegamos, estabamos todas coloradas de tanto corretear, probablemente estuvimos jugando en el patio. La cosa es que al entrar mi hermana Mali pregunto “para que han venido? Al escuchar esta pregunta mi mamá se puso a llorar, ella que se estaba muriendo por vernos, pensando que estabamos extrañandoles y nosotros felices como las lombrices. Mi papa decia que la mejor prueba de que estabamos bien fue esa pregunta. Bueno, nuestros padres nos vieron, nos abrazaron y nos dijeron cuanto nos querian y se fueron, y nosotras problablemente nos fuimos a jugar nuevamente.

En uno de esos domingos en que regresabamos al colegio, estabamos todas en un salon que se llenaba a medida que llegabamos las internas. Alli nos ponian a leer bajo la vigilancia de una de las monjitas. Entraron dos hermanas, Julia y Maria y nos hicieron señas para que veamos algo que habian traido. Eran unos lapiceros de tinta seca. En ese tiempo, escribiamos con una pluma que mojabamos en un tinterito colocado en la parte delantera de nuestra carpeta. Asi que al ver ese milagro de la tecnica norteamericana, todas nos quedamos maravilladas. “Mi papá nos acaba de treaer estos lapiceros de los Estados Unidos”, dijo una de ellas. A ver, prestame uno para verlo dijo alguien, (todo esto lo deciamos super quedito para que la monjita no se diera cuenta). Te lo presto pero no te pintes la piel porque dice mi papa que esta tinta seca no sale nunca y puedes quedarte marcada hasta que te mueras. Alerta, alerta, pinta para siempre? Esa fueron las palabras clave para que la primera que agarro uno de los lapiceros se pintara un dibujo en la mano. Cando me llego mi turno de “apreciar” el lapicero, me subí la falda del uniforme y me pinte una flor en la rodilla. Entonces, vi que una de las hermanas pedia permiso para ir al baño, y otra chica la siguió, la monjia estaria cansada o distraida, la cosa es que al ratito salió otra y otra y yo tambien.

En el baño encontre a las chicas todas pintadas, pero no en la mano, ni en la rodilla, la pintadera de los “tatuajes” habia subido a la cara. Viendo a mis amigas todas pintadas, pues yo tambián me pinte. Mi mami nos contaba el cuento de María Estrella, era un cuento al estilo Ceniciena, sólo que el hada madrina de María, le concede el regalo de una estrella en la frente. Asi que acordandome del cuento me dibuje una estrella en la frente que, como no sabia dibujar estrellas me salio horrible.

Estabamos en plena pintadera de “tatuajes” que no nos dimos cuenta que la monjita habia entrado y nos gritaba ¿“que estan haciendo, quien les dio permiso para salirse del salon? Luego de estas preguntas, recien se percató que todas estabamos pintadas con la tinta seca, “a lavarse la cara de inmediato”, asi lo hicimos, (sólo para disimular, porque todas sabiamos que estabamos marcadas de por vida).

Por supuesto la tinta no salió, entonces la monjita fue a traer a otra monjita, esta última trajo sapolio y unas toallitas, nos rasquetearon duro hasta que gritabamos de dolor, todo en vano, no salieron nuestros tatuajes. Sonó la campana del angelus y regresamos al salon a rezar y luego fuimos al comedor para la comida.

Después de la comida fuimos a bañarnos, como eramos pequeñas, unas chicas empleadas del colegio, nos bañaban, por supuesto ellas tambien trataron de sacarnos los “tatuajes” y tampoco pudieron. Al otro dia en el desayuno, las chicas grandes se burlaron de nosotras, La burla fué peor en nuestra clase, con nuestras compañeras externas. Tomo como 3 a 4 dias hasta que poco a poco salieron nuestros “tatuajes”.


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